Y es por un impulso.

Una energía que no se sabe de donde salió,

una aceleración que nace del espacio vacío que separa al pecho del abdomen.

Hay momentos en que no importa cual es la manera mas rapida de llegar de “A” a “B”, hay momentos en que no importa donde queda “B”, hay momentos en que solo importa correr, correr y que salga lo que tenga que salir.

Mi inconciente cambiante, como el tuyo, me llevó hace unos días a contestar un correo electrónico. Como consecuencia uno de los articulos aqui publicados sería escrito por una persona llamada Eva Ingver, persona que, no tan curiosamente soy yo.

Es por un impulso parecido que un día llegué a un lugar llamado Pearson College, o que decidí pedirle a mi papá que me enseñase a atar los cordones de mis zapatos. 

No hay racionalidad en este tipo de impulsos, no es basado en lo que se supone que va a salir de uno mismo. Es como un botón que loco y rebelde se desabrocha porque te quiere mucho. Un botón que cae dejando espacio para el autodescubrimiento, porque genuinamente confía en tu capacidad de hacer. 

Con lo difícil que es hacer, 

con el trabajo que cuesta hacer, 

con el trabajo que cuesta mostrarse y exponerse a uno mismo a través de creaciones propias.

Por suerte hay impulsos de esos en que nada importa, para así existir y soñar y reír y correr y abrazar y besar y cambiar por un rato 

o por siempre,

 quien sabe.

¿En donde se encuentra esa energía almacenada? 

¿Por que hay impulsos que me llevan a contestar algunos correos pero no otros?

A ti lector hispanohablante te invito a hacer un ejercicio mental:

  1. Piensa en una persona que admires, dedicada al cine, a la filosofía, a las ciencias, o a cualquier otro rubro.
  2. Ahora quiero que pienses (o incluso que investigues) a que momento de su carrera, a qué momento de su vida, despues de cuantas miradas y charlas y libros leídos, de pensamientos destructivos y muchas creaciones, ideas en el olvido, inseguridad e impulsos esta persona dejó la tan proclamada y romantizada “huella” de la que tanto se habla. Huella marcada incluso en alguien que esa persona no necesariamente conoce personalmente.
  3. ¿Es esa persona del principio de su carrera la misma que la del final? 

Personalmente considero que si: la misma psiquis, mismo lugar de origen, misma historia familiar. 

Mismos impulsos de los que un dia dudó.

Esos impulsos que así como no se sabe de dónde vienen tampoco se sabe a donde van a llegar.

Esos impulsos, que, como este impulso, me hizo contestar el correo electrónico. Este impulso que me impulsó a escribir sobre sí mismo (¡qué impulso egocéntrico!).

Este mismo impulso que ahora me está acercando a ti.

Y de eso se trata, esa es nuestra esencia tan flagelada y escondida, nuestro instinto animal. 

Animales somos,

Animales que año tras año de civilización transformaron su instinto impulsivo y natural en creatividad, en historias anecdóticas, en teorías inimaginables y hasta en la capacidad de reflexionar sobre esos impulsos egocéntricos que se apoderan de artículos. Artículos que quedarán archivados junto a todo el resto de articulos de personas que un dia contestaron un correo electrónico sin más que un “ya vere que hago”. Pero personas que no se quedaron con las ganas de contestar correos.

Eva Ingver Gimenez

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